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Bariloche…los alpes de sudamérica

que visitar en Bariloche

Desde el aire nada hace presagiar que esta Pampa interminable acabe así en su extremo suroeste. A lo ancho, después de 1.200 km de tierra árida, monótona, el amarillo intenso de los secadales, campos de grano o pastos de vacuno, hasta ahora sólo roto por la mancha gris sobre las enormes salinas que fueron bolsas de agua marina, cambia en un pañuelo como de la noche al día cuando un montón de lagos, que mas bien parecen fiordos, dan al paisaje toques desordenados con ese azul especial que tienen las aguas de Australia, el blanco exacto de la nieve perpetua, el verde caminante del bosque de la Patagonia.

La capital de este mosaico es Bariloche o, San Carlos de Bariloche. El nombre se lo dio Carlos Widerhold, viajero de origen alemán que en 1895 llegó desde Chile y construyó la primera casa a pocos metros de lo que hoy es el centro de Bariloche. De esta manera, lo que estaba condenado a ser un lugar de tránsito entre Chile y Argentina, entre la llanura y el mar, llegó a ser una ciudad de 100.000 habitantes. Hoy, esta idea permanece intocable: esto es un sitio de paso para quedarse toda la vida. Especialmente indicado para quienes aman las montañas.

Aquí han encontrado su hogar suizos que buscaban otras cimas, alemanes que huyeron de sus guerras, daneses, lituanos o rusos con la esperanza puesta en hallar la tierra prometida, españoles emprendedores ilusionados por hacer las Américas o sirios e iraníes con ansias de integrarse. La clave para el entendimiento es sencilla: no preguntar a nadie por su pasado. Lo único que que existe es el presente y el futuro mas cercano.

Si no fuera por la enorme bandera argentina que ondea frente al centro cívico, se diría que estamos en los Alpes. La piedra y la madera que cubren sus fachadas y balcones, los arcos que comunican calles y plazas, las formas de tejados y torres e incluso el aire que se respira, contribuyen al equívoco.

Mas aún, durante el invierno, que comienza en Julio, cuando Bariloche, especialmente Cerro Catedral, a 24 km de la ciudad y a una altitud de 2.420 metros , se convierte en el centro de esquí mas importante de América del Sur. Esta actividad es un lujo para europeos, norteamericanos y otros habitantes del hemisferio Norte cuya intención es esquiar durante todo el año, pues cuando la primavera obliga a terminar la temporada en sus pistas habituales, en estas comienza el otoño, que posibilita la continuación de la práctica o entrenamiento de los deportes de nieve.

Sucede exactamente lo contrario cuando ahora en Septiembre, el sol comienza a calentar lo suficiente para que se inicie el deshielo.

LA MALETA EN BARILOCHE
Las estaciones australes están cambiadas frente a las boreales, y por ello el verano de una corresponde al invierno de otra. En invierno hay que llevar ropa de nieve. En verano, las temperaturas son suaves y por la noche refresca. Es conveniente llevar un traje de mas vestir por si se sale a cenar.

GASTRONOMIA DE BARILOCHE
La cocina es un fiel reflejo de la mezcla de nacionalidades que aquí viven. La comida autóctona, la caza, la pesca o la carne; por ejemplo, el bifé se mezcla con el turnedó suizo-francés y el applestrudel alemán. A veces también hay trasvases de ideas culinarias: la colonia suiza celebra a menudo la ceremonia del curanto, una forma de cocinar verduras y carnes enterrándolas en el suelo sobre piedras calientes, que procede de los indios chilenos.

COMPRAS EN BARILOCHE
El chocolate es exquisito. Se compra en “La abuela Goye” (Albarracín 157), en Mamouchka (Mitre, 216) o en chocolate del turista (Mitre, 239).
También hay una excelente ropa de lana, artículos de cuero (especialmente para la hípica), artesanía y agua lavanda.

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